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Las verdaderas claves de la regulación sobre robots propuesta por el Parlamento Europeo

-Fíjate en ti -dijo finalmente-. No lo digo con espíritu de desprecio, pero fíjate bien. Estás hecho de un material blando y flojo, sin resistencia, dependiendo para la energía de la oxidación ineficiente del material orgánico… como esto -añadió señalando con un gesto de reprobación los restos del bocadillo de Donovan-. Pasáis periódicamente a un estado de coma y la menor variación de temperatura, presión atmosférica, la humedad o la intensidad de radiación afecta a vuestra eficiencia. Sois «alterables». Yo, por el contrario, soy un producto acabado. Absorbo energía eléctrica directamente y la utilizo con casi un ciento por ciento de eficiencia. Estoy compuesto de fuerte metal, estoy consciente constantemente y puedo soportar fácilmente los más extremados cambios ambientales. Estos son hechos que, partiendo de la irrefutable proposición de que ningún ser puede crear un ser más perfecto que él, reduce vuestra tonta teoría a la nada.

ASIMOV, Isaac, (1941). Reason (relato corto incluido en I, robot).

Pocos días atrás, varios medios de ámbito tecnológico han vuelto a publicar noticias sobre el futuro de la regulación sobre robótica en la Unión Europea. Si bien la actualidad de esta cuestión se ha reactivado con la reciente entrevista publicada en la Web del Parlamento Europeo a Mady Delvaux, los verdaderos atisbos de propuestas en este sentido se encuentran en el proyecto de informe elaborado por el Parlamento Europeo a mediados del pasado año. En él se recogen una serie de recomendaciones destinadas a la Comisión sobre la regulación de la robótica.

Debemos tener en cuenta que, como es lógico, lo que se ha comentado públicamente ha buscado generar un contenido atractivo, obviando el enfoque basado en cierta relatividad que acompaña a gran parte del proyecto de informe (y sin mencionar que, por supuesto, no es vinculante a ningún efecto). Es por ello que, sin perjuicio de que seguramente volveré sobre varios de estos temas en artículos futuros, me gustaría resumir brevemente dos de los que me parecen los puntos esenciales que incluye este documento, en materia de derecho civil:

  1. Creación de una definición europea de robot autónomo inteligente y de sus distintas subcategorías y creación de un registro de robots avanzados, estableciendo criterios para la clasificación de los mismos. Esto queda muy lejos de la declaración de robot como “persona física” que han apuntado numerosos medios de comunicación. No obstante, existe un punto en el que se pide a la Comisión que se plantee la posibilidad de crear una personalidad jurídica específica para los robots, de modo que cuenten con ciertos derechos y obligaciones, pero principalmente a efectos de responsabilidad (es decir, reparar los daños que puedan causar).
  2. Al hilo de lo anterior, se considera esencial que se establezca un régimen claro de responsabilidad para los robots, especialmente de cara al futuro, conforme vayan adquiriendo un nivel de autonomía en la toma de decisiones mucho mayor del que ostentan los dispositivos más avanzados en la actualidad. De esta manera, el nivel de responsabilidad estaría directamente relacionado con dicha autonomía.

En mi opinión, esta nueva regulación no sería algo necesario a corto plazo. Esto es debido a que aún quedan algunos años para que suceda lo que ya apuntaba el relato Reason, cuyo extracto he incluido más arriba, en el que los robots comienzan a actuar sin seguir las instrucciones de los humanos ni verse influenciados por las órdenes de los mismos. No nos engañemos, en ese momento –y solo en ese momento- tendrá sentido trasladar la responsabilidad a las máquinas.

Asimismo, se recogen otras cuestiones interesantes, como sería la creación de una “Agencia Europea para la robótica y la inteligencia artificial” y de un marco ético sobre el cual gire la ingeniería y el desarrollo de máquinas a estos efectos. Por otro lado, se tratan cuestiones relacionadas con el empleo (señalando que se puede ver disminuido por la aparición de robots), propiedad intelectual y protección de datos (aunque, básicamente, no se proponen cambios) y de situaciones específicas en distintas áreas de las nuevas tendencias que están progresando actualmente (robots asistenciales, drones, vehículos autónomos, etc).

En relación con la obligación de que los robots paguen impuestos, que muchos medios han anunciado, sinceramente, no creo que se recoja esto en el proyecto de informe. En mi opinión, únicamente se reflejan dudas relativas a la sostenibilidad de los sistemas tributarios y de seguridad social tras el auge de la utilización de robots, proponiendo alguna medida de control con el fin de investigar este fenómeno. Ahora bien, de ahí a afirmar que el documento expone que los robots deben pagar impuestos, existe un largo recorrido repleto de películas de ciencia ficción y unicornios voladores (aunque ojo, a pesar de que el documento no lo exprese, es posible que los robots lleguen a pagar impuestos, pero en ese futuro no tan cercano que apuntábamos antes).

En conclusión, pese a que parezca que su única utilidad haya sido generar una serie de titulares y debates, difícilmente podría ponerse en entredicho la relevancia jurídica e histórica de este documento. Quizá no tanto por el informe en sí, sino por lo que significa que una institución se adelante a un futuro cambio de la sociedad para proponer reformas de antemano. A la vez que la tecnología avanza a un ritmo vertiginoso, el ser humano también, lo que podría conllevar una nueva manera de legislar, en la que decidamos regular (o decidamos no hacerlo) siendo conscientes, al menos en parte, de lo que está por llegar.

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